Una vida sin sentido.
Jamás imaginaría que hoy, a mis 39 años, cuestionaría de forma errática, el hecho de haber llegado al mundo y es que, en esta sociedad, las personas no se detienen a pensar antes de decidir copular y no cuidarse, en la consecuencia que esa acción trae, seguimos y me incluyo, trayendo hijos al mundo, sin responsabilidad, sin pensar en ese humano que vendrá al mundo por la razón que sea y cuales serian sus carencias, sus limitantes, su contexto, su bienestar. Obviamente, nadie se detiene a pensar semejante cosa cuando el deseo de la carne es grande y nuestros instintos nos envuelven en solo satisfacer un deseo. Mis padres se casaron con una historia de noviazgo un poco turbulenta y poco romántica, hasta organizada y cuadrada por la necesidad de mi abuela de casar a mi padre con una buena mujer, de reputación intachable y a punto de dejarla el tren porque a sus 37 años, no se había nunca comprometido, nunca entenderé porqué. Realmente no se que día...